Emblema de Oro de les Fogueres de Sant Joan
Como Borges afirmaba de la teología, las crónicas y discursos fogueriles habituales pertenecen al género de la literatura fantástica. No es sólo que exageren, contribuyendo a convertir la fiesta entrañable en desentrañada fiesta de nuevo rico, preocupada por magnitudes y precios. No es sólo que abusen de los adjetivos, hasta privar de sustantividad cualquier idea. No es sólo que sean texto sin contexto –Hogueras flotando sin asiento físico-. Crónicas y discursos, al final, mezclando todos esos elementos, con la idiosincrasia de cada cuál, acaban por definir a la misma fiesta, que es, por definición, lo que se cuenta de ella. Y en lo que se cuenta nunca hay sombras de desdicha salvo las “accidentales”, por antonomasia. No hay contradicciones en este mundo tan complejo. No hay desajustes entre la realidad social y su formulación festiva. Los concejales del ramo pueden respirar tranquilos: son los únicos que están más allá de toda inquisición. Los enfados se reconducen al plano de lo anecdótico, sin buscar líneas generales, ocultas por el oropel y el humo negro del corcho blanco. Los artículos eruditos de llibret –incluyendo alguno mío- celebran lo epidérmico o plantean hipótesis estúpidas sin que nadie se inquiete, salvo que impugnen el sentido mismo y actual de esta carísima balsa de aceite moral en que se han convertido las Hogueras. Esta es la esencia de la fantasía fogueril: la construcción de un mundo sin aristas y sin preguntas, lleno de dogmas, héroes y homenajes. Es el espejo de Alicante, sólo que por la parte de atrás, sin azogue, cara a la pared.
Como buena fantasía, la realidad, deconstruida y reconstruida, ha de operar con los planos del tiempo y alcanza su máxima eficacia cuanto mejor disfrace el presente con atributos del pasado. Paradoja central: en la medida en que muestra la inevitabilidad del cambio, en su “evolución” constante, más se aferra, buscando justificación, a un pasado inexistente. Y es que estamos regresando, con muchos más medios, a los boatos del tardofranquismo fogueril; que no nos extrañe: es lo que corresponde a la ciudad neodesarrollista. Por lo tanto, en nombre de valores ilusorios, se “hace” una Fiesta nueva y, para muchos, incomprensible: por eso huyen tantos, si pueden, buscando vacaciones anticipadas; porque en este Alicante confuso, sólo ven en las Hogueras –que cada año comienzan antes- más ruido, más colapso circulatorio, más basura. ¿Malos alicantinos? Así será si así gustáis, pero si así gustáis, cada vez habrá más malos alicantinos.
El pasado exige: culto al cartón -pero no se trabaja el cartón-; la crítica como razón de ser –pero no hay crítica: hay miedo a las represalias, hay homenaje banal a las “esencias alicantinas”-; un “estilo alicantino” –que ha acabado por ser renuncia al modelado, en monumentos realizados cada vez más… por artistas valencianos-; una fiesta de voluntarios –y los hay, muchos, pero oscurecidos en jungla de publicidad y de intereses privados: las “Hogueras SA” arrasan-; una fiesta del pueblo –pero el pueblo no puede ver arder la Hoguera Oficial: su tamaño lo impide salvo para las autoridades y la TV-; una fiesta resultado de un año de trabajo –y es cierto, pero para la mayoría, sobre todo para los jóvenes, las Hogueras son como un inmenso botellón: unas noches para el desenfreno etílico… atravesadas, eso sí, de coches oficiales y sirenas policiales-. Demasiada falacia para que el trago pase sin que alguien se atragante.
¿Visión pesimista? Ni sí, ni no, creo. No importa mi opinión, en todo caso: para la masa de festeros, en fase de adulación permanente y de regocijo infinito, serán palabras huecas, festiaguadas. Y para muchos de mis amigos son pérdida de tiempo. Y es que sólo tienen sentido si uno ama la Fiesta o/y piensa que son demasiado importantes, en lo que tienen de organizadoras de sociabilidad y símbolos, como para admitir sin rebeldía este estado de cosas, esa distancia creciente entre la verdad y su relato.
Dicho lo cual me voy a la calle, a perfumarme de pólvora en mascletá, en Diputació-Renfe, a la sombra de la amistad. Y, luego a alborozarme en los rostros efímeros de las contradicciones. Dejo de contar pronto los remates planos, perdidos en elogios a tonterías sin cuento. Me indigno leyendo una cartela xenófoba en Maisonnave -¡qué cobarde reconvertir la crítica que debe dirigirse al poder en menosprecio del débil!-. Me emociono escuchando a Adolfo narrarme con cariño cómo se ha hecho la portada de El Cabasset, con el auxilio de Emili Boix. Me pregunto qué hace la Universidad cediendo nombre y prestigio a un “Racó Universitario” como el actual. Me enfado escuchando a muchas pobres bandas tocando las mismas piezas, siempre, hasta el aburrido agotamiento. Me divierto apreciando la metáfora de las paredes del Obispado -Nuestra Señora de Gracia- con lonas ignífugas, con publicidad de inmobiliarias. Mi cabreo sube al comprobar la ínfima calidad de la Hoguera Oficial pagada con mis impuestos. Pero me reconforto al ver el amor puesto en la muy próxima y humilde Hoguera de Santa María. Y, claro, vivo muy de cerca las ilusiones, desvelos y apuestas de Séneca-Autobusos, una lección permanente de saber hacer, de honestidad, de fiesta sin engaños, en su 75 Aniversario.
Y acabo la noche con Pedro y otros amigos, maestros en hospitalidad, en Puente-Villavieja, allí, en los orígenes, en un silencio sin tiempo, por encima de tantas cosas, con la espera de la consumación flotando en el aire contenido de la plaza más bella de Alicante. Doy en pensar en que quizá sea injusto, en que quizá lance con demasiada violencia mis desencuentros con Alicante al rostro venerable de las que son nuestras fiestas grandes porque no tenemos otras. Asumiré esta duda, pues es necesario desconfiar de las propias certidumbres. Pero me consuelo pensando que mi reconciliación con Alicante, si llega, habrá de ser en una noche como la de hoy. En una noche de San Juan: no será un premio de magia, será, simplemente, que en las noches de San Juan, Alicante, convocada por los fuegos, se vuelve ordenadamente ingobernable y los recuerdos andan fugitivos alcanzado el futuro.
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