Las duras piedras reflejan
los rayos de luna clara.
Los enamorados caminan
subiendo cuesta empinada.
El Benacantil sonríe,
sonríe toda la montaña.
El mar abajo refleja
los destellos de sus almas.
Ya se miran a los ojos
con esa mirada limpia
que no puede esconder nada.
Quedaron atrás las dudas,
los miedos y los fantasmas,
ya se ha liberado todo,
ya se han sanado los carmas,
ya se han pagado las deudas,
las heridas se han curado...,
ya se han dejado las luchas,
ya se han roto los escudos,
las corazas de sus almas.
Ya se ha superado todo
cuando sus cuerpos se abrazan,
ya no hay nada que separe
a sus transparentes almas.
Y a solo queda el amor.
¡Piedras del Benacantil,
reflejais la luna clara!
en esta noche especial
en que ellos dos se abrazan.
María José Arroyo


















