´No se puede hablar de humillaciones con el agua, se trata a todos por igual´
La nueva ministra de Medio Ambiente, en su despacho
JUAN ANTONIO BLAY. MADRID Diario Información 20/04/08
Helena Espinosa (Ourense, 1960) es la nueva titular del ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, uno de los departamentos "sorpresa" del nuevo Gobierno de Zapatero que ha sido calificado como superministerio por la amplitud de competencias que asume, entre ellos la lucha contra el cambio climático. Con una imagen de gestora eficiente, a las pocas horas de tomar posesión se ha encontrado de bruces con una reedición de la "guerra del agua", situación que confía superar a base de diálogo y de explicaciones.
¿Hay que felicitarla o simplemente desearle suerte para el cargo de dirigir este ministerio de conceptos tan variados?
Para mí es un honor que el presidente del Gobierno me haya encargado esta responsabilidad, que es doble para cumplir todos los objetivos que nos propusimos en el PSOE cuando nos presentamos a las elecciones generales.
¿Las competencias que asume son compatibles? Hay quien piensa que incluso son antagónicas.
Son perfectamente compatibles y a lo largo de la legislatura pasada dimos muestras de que era necesario ir a una integración de los dos ministerios dado que continuamente sacábamos iniciativas conjuntas ambos departamentos. El reto es juntar el desarrollo, que es el progreso de hoy, y la conservación, que es garantizarlo para generaciones futuras. No son políticas contradictorias. Y he de decir que incluso algunos colegas europeos así me lo han transmitido.
¿Ése es el sentido de este ministerio?
Sí. Hablar de sostenibilidad es hacerlo del mar y del territorio haciéndolo compatible con las actividades que desarrollamos y sobre todo generando perspectivas de futuro. Un ejemplo, la acuicultura, una actividad en la que España es una potencia; si no la desarrollamos cuidando el entorno marino no podremos garantizarla en el futuro.
Tomó posesión el pasado lunes y ya se ha visto envuelta en la guerra del agua. ¿Lo ha asumido bien?
Yo no quiero hablar de una guerra del agua. Nos encontramos con un problema importante para Barcelona y su área metropolitana donde, de no tomar una decisión en estas fechas, pudiera no haber agua de uso de boca a mediados de octubre. Es obligación del Gobierno dar suministro de agua de uso doméstico a cualquier población o territorio de España. Es una situación que hemos vivido también en la pasada legislatura y que se han resuelto siempre con medidas rápidas; en los últimos cuatro años ningún ciudadano de España ha tenido restricciones para su vida habitual. Eso mismo es lo que hemos aplicado en este caso con Barcelona.
Trasvase, conducción, aportación puntual... ¿Por qué se ha creado este galimatías sin transmitir una idea clara?
Las ideas, desde el Gobierno, las tenemos muy claras. Desde el punto de vista jurídico no estamos hablando de un trasvase, es una actuación puntual que tiene su limitación temporal y de caudales de agua. Es temporal porque cubre las necesidades que he citado en tanto no entre en funcionamiento la planta desaladora que se construye en El Prat y que estará en funcionamiento en junio de 2009; está, además, delimitada la cantidad de hectómetros cúbicos que se requieren.
Al margen de la polémica ¿es usted consciente de la sensibilidad social que existe sobre el agua en las cuencas del Mediterráneo?
Sí, soy consciente de lo que ocurre en las cuencas mediterráneas. Y en este punto hay que decir las cosas muy claras: este Gobierno ha hecho esfuerzos sobre todo en el arco mediterráneo que nunca se habían hecho con anterioridad. Inversiones en plantas desaladoras, planes de choque y de emergencia en Valencia, Alicante y Murcia, similares a la situación de ahora con Barcelona, o modernización de regadíos, con alrededor de 700 millones en la Comunidad Valenciana. Y lo que es más importante: no hubo en cuatro años ni restricciones ni cortes de agua para ningún ciudadano en ningún ámbito. En esa línea es en la que debemos seguir trabajando: tener más aportaciones de agua y que todos los ciudadanos seamos más responsables en el uso del agua, un bien cada día más escaso.
El PP ha tomado el agua como estrategia de oposición nada más empezar la legislatura. ¿se cree capaz de quitarle ese argumento?
Yo he hablado con todos los presidentes de las comunidades y les he ofrecido diálogo para entre todos llegar a lo que podríamos denominar un "pacto sobre el agua". Creo que por encima de ideologías están los ciudadanos, a los que hay que dar respuestas. Y en estos momentos, al inicio de una legislatura, deberíamos hacer un paréntesis, enfriar esta situación dialéctica que se ha creado en algunas zonas, y trabajar para garantizar el futuro.
¿Qué recuerda de la conversación con el presidente Camps?
Él es consciente del espíritu de cooperación que mantuvimos durante mi anterior responsabilidad y esperaba que lo pudiésemos trasladar al agua, aunque también es verdad, insisto, en que hablamos el jueves, que era una fecha delicada...
¿Le reiteró su proclama de no permitir la humillación de los valencianos?
Pero ¿de qué humillación estamos hablando?. La humillación se produciría si no le damos solución a otros ciudadanos fuera del territorio del que él es presidente. Hoy estamos hablando de Barcelona pero mañana podemos estar hablando de Canarias, de Castilla y León, de Navarra o de La Rioja...
Entonces, ¿la palabra maldita es Ebro?
Está defendiendo, igual que en la pasada legislatura, el trasvase del Ebro, cuando era una infraestructura que no se mantenía ni social ni medioambientalmente, tampoco económicamente. Seamos inteligentes, hoy tenemos nuevas tecnologías y debemos apostar por un conjunto de medidas para garantizar el agua con sostenibilidad social, medioambiental y económica.
¿Usted está preparada para aguantar esa presión del PP?
Sí, por supuesto. Estamos muy seguros de que hemos decidido lo mejor que se podía hacer. Es más, es lo mismo que se hizo para Valencia, para Murcia, para Alicante y para Almería: adquirir derechos de agua de regantes para pasarlo a suministro de uso de boca; son operaciones exactamente iguales, quiero resaltarlo. No se entiende que se hable de discriminación y de humillación cuando se está tratando a todas las comunidades por igual y con los mismos instrumentos legales, económicos y medioambientales.
¿Cree que se ha explicado suficientemente la inversión de los 7.700 millones de euros que citó Zapatero en la investidura a cargo del Programa A.G.U.A.?
Creo que sí, lo que pasa es que en algunas zonas a lo mejor es más difícil que llegue a la ciudadanía precisamente por esa polémica continua y permanente que está en el ambiente. Cuando se desciende a colectivos más concretos conocen el esfuerzo que se ha hecho y valoran las medidas adoptadas.
¿Cuál es su estrategia sobre el agua: desaladoras, embalses, modernizar los riegos y las conducciones, ciclos integrales...?
Primero hay que continuar en la política de educar sobre el uso eficiente y responsable del agua. Pienso que hay zonas en España que están más habituadas a esto que otras, tal vez porque no habían tenido ese problema. Que nadie vaya a pensar que porque haya habido un cambio de persona al frente del ministerio va a cambiar la política, que compartimos todos en el PSOE y en el Gobierno. Los programas están en marcha y partir de ahora será más rápida su ejecución tras lo que se lleva invertido en el Programa A.G.U.A. para garantizar los aportes hídricos.
Ya ha dicho que no le gusta la expresión, pero ¿se cree capaz de acabar con las guerras del agua?
Es lo primero que me gustaría eliminar; empecemos a utilizar una dialéctica más amiga que tal vez le sonará mejor a los ciudadanos y nos ayudará a todos a encontrar el consenso. Todo esto se debe hacer entre todas las administraciones, ayuntamientos, comunidades y Gobierno, bajo la más absoluta lealtad y la colaboración sincera y abierta.
Su predecesora se implicó en impedir la invasión inmobiliaria del litoral. ¿Mantendrá la misma línea?
La ordenación del territorio es competencia autonómica, pero también en eso hay que sentarse a hablar y es verdad que la Ley de Costas permite hacer actuaciones al Gobierno. Un buen elemento para la reflexión es analizar el turismo, que es un elemento económico capital para España, para garantizar su futuro. Entiendo que pasa por aumentar la calidad de los servicios y de los entornos.
¿El anunciado compromiso del Gobierno con la lucha contra el cambio climático va a suponer conflictos con la industria?
No. Nuestra industria, en su mayor parte ha entendido que los objetivos del cambio climático tienen que ser siempre una oportunidad de mejorar. Las medidas medioambientales suponen un valor añadido y eso está asumido por los sectores industriales españoles. Lo que hay que hacer es trabajar para lograr los objetivos del compromiso de Kyoto.
¿Contempla algún tipo de impuesto ecológico?
Hay otras prioridades y esa cuestión no debe robarnos ni un segundo en el inicio de esta legislatura.
¿Sus competencias en agricultura y pesca pierden peso específico en este macroministerio?
No... [sonríe]. La agricultura y la ganadería, también la pesca, están cumpliendo el objetivo de facilitarnos alimentos de calidad y con seguridad alimentaria, al tiempo que contribuyen a mantener medioambientalmente nuestro país. Es una afirmación que seguiré manteniendo en el futuro. Es una muestra más de la idoneidad de la unión en un solo ministerio.
¿Tiene el compromiso del presidente Zapatero de contar con refuerzos presupuestarios?
Han sido ministerios que han visto incrementados sus presupuestos muy significativamente en la pasada legislatura. Son datos objetivos, y además con un aspecto muy importante: con un cumplimiento de ejecución cercano al 100 por 100. Espero seguir contando con presupuesto suficiente para aplicar nuestras políticas.
Ecologistas, agricultores, de regadío y secano, ganadería, intensiva y extensiva, armadores de todos los tonelajes, incluso cazadores y la PAC... ¿No es mucho tajo para una sola persona?
Es una gran responsabilidad. Mi propósito es cumplir con seriedad los objetivos del programa electoral contando con un gran equipo, no tanto por una cuestión personal sino por completar los avances logrados en la pasada legislatura.
¿Está en su mano poder combatir el alza de precios experimentado de los alimentos básicos como la leche?
Es un problema que va más allá de una determinada política nacional. En estos momentos todo el mundo sabe que están influyendo factores globales que afecta a todos los países de todos los continentes, sobre todo en los más pobres. Desde la UE hemos puesto en marcha unas medidas para aumentar la oferta y así seguiremos trabajando para rebajar las tensiones de precios.
Usted acabó en su anterior ministerio con buena imagen. ¿Cree que lo logrará con su nueva gestión?
No lo sé [sonríe], eso son otros quienes lo juzgan...
Pero se lo habrán dicho, ¿no?
Bueno, soy la misma persona, con ganas de trabajar con ilusión y con la misma forma de ser porque a la edad que tengo ya no se cambia, para bien o para mal.


















