CARLOS GARCÍA TEJERINA Hace unos días, a raíz de la negativa de los ayuntamientos de Vic y de Torrejón de Ardoz a empadronar a inmigrantes, una conocida política catalana decía "Aquí no caben todos" refiriéndose a los inmigrantes en Cataluña.
No es la primera vez que los políticos hacen de la inmigración una bandera de lucha electoral y no será la última. Cuando los políticos se quedan faltos de ideas y de propuestas, echan mano de los recursos fáciles que calan rápidamente en los ciudadanos, más aún en tiempos de crisis mundial. No sería justo echarle la culpa sólo a los políticos de la oposición, sino también, a los que gobiernan. Como ejemplo pongo la ignominiosa Ley de Extranjería presentada por el Gobierno, que priva de libertad hasta 60 días a personas que no han cometido delitos.
Hace sólo un par de días, en Afganistán murió el soldado John Felipe Romero Meneses, nacido en Colombia, inmigrante en Barcelona y miembro del contingente español. No es el único, el 8 de enero murió el soldado Cristian Javier Quispe Aguirre, nacido en Ecuador; en septiembre de 2007, Stanley Mera Vera de Ecuador; en julio de 2006, Jorge Arnaldo Hernández, de origen peruano; en mayo de 2003, José Gabino Nve Hernández, natural de Guinea Ecuatorial. Jefferson Vargas Moya, Jackson Castaño Abadía y Juan Erickson Posada, colombianos, murieron en el Líbano en junio de 2007.
En el atentado de la T4 en Madrid fallecieron Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, naturales de Ecuador y no nos olvidemos de las víctimas de los atentados del terrorismo islámico en Madrid, en que también se contaron decenas de inmigrantes.
Si este puñado de inmigrantes, son capaces de compartir todo, absolutamente todo, incluso lo más preciado que se nos regala -la vida- con sus compañeros españoles, ¿por qué no tienen cabida en España?
Pero los inmigrantes, que han venido a buscar un futuro para sus familias, no sólo comparten con la sociedad española misiones de guerra como en el Líbano y Afganistán, o la dura realidad de la barbarie del terrorismo etarra e islamista, sino también el día a día, las alegrías y las penas, las preocupaciones y los desencantos.
También en lo económico compartimos todo, el superávit de la Seguridad Social, con el que estamos enfrentamos la crisis y los cuatro millones de parados, se debe, en gran medida, a la última regularización de inmigrantes que empezaron a cotizar.
Muchos de los que comparten con un inmigrante el trabajo o la vecindad, pensaran aquello de "donde caben dos, caben tres" y otros se dejarán llevar por el discurso fácil y electoralista. No olvidemos que esta brutal crisis no la propiciaron los inmigrantes, sino los que tienen, acaparan, juegan y especulan con el dinero.
Me cuenta un familiar, que José García, Zulema Gallardo y otros cientos de su pueblo, cercano a Mieres, Asturias, se fueron de España hace como un siglo. También el hambre y las crisis les obligaron a migrar; se establecieron en Iquique, en el norte de Chile, cambiaron el carbón asturiano por el salitre del desierto de Atacama, se casaron, tuvieron hijos y nietos y nadie, absolutamente nadie, les dijo que ahí no cabían, por el contrario, fueron respetados y acogidos.
Seguramente en el funeral de John Felipe Romero Meneses, en Barcelona, estarán presentes los mismos políticos que opinan que "aquí no cabemos todos". Con rostros serios darán su pésame a los familiares, loarán al fallecido, dirán eso de "ha muerto por España" y luego seguirán aferrándose a la consigna fácil que les acarree votos en las próximas elecciones.
Por cierto, José García y Zulema Gallardo, fueron mis abuelos paternos. Como otros miles de inmigrantes latinoamericanos, estoy de regreso a la tierra de mis abuelos. ¿Cabemos o no cabemos?




















